Month: August 2010

“El narcotráfico no había sido tan pequeño.” Solución: Legalícelo.

Hace un par de semanas el presidente de Bolivia, Evo Morales, reconoció ante los medios de comunicación que el narcotráfico le está ganando la batalla a la Policía y las Fuerzas Armadas de ese país. En declaraciones un tanto ingenuas, Morales admitió lo que todo el mundo sabe: que las bandas de narcotraficantes están mejor y más equipadas que policías y soldados, que desarrollan un sofisticado trabajo de inteligencia, y que han llegado a corromper el núcleo mismo de las instituciones del orden. “El narcotráfico no había sido tan pequeño” ha dicho Morales y tiene toda la razón.

Las estimaciones del impacto económico del narcotráfico en Bolivia ilustran claramente su poderío. De acuerdo a un reporte de las Naciones Unidas, los negocios de la coca ilegal y la cocaína generarían entre 327 y 721 millones de dólares anuales (entre el 2 y el 4% del PIB).[1] Asumiendo una propensión marginal al consumo de 0.7, un cálculo rápido estimaría los efectos multiplicadores de esta actividad entre los mil y dos mil millones de dólares (entre el 6 y el 11% del PIB). No exageraríamos, por tanto, al decir que el narcotráfico se ha convertido en un importante motor de la economía boliviana. Su efecto se traduce en la creación de miles de empleos en diversas industrias, en el crecimiento de la economía informal y en la burbuja inmobiliaria por la que atraviesa Bolivia (las nuevas edificaciones en las principales capitales de ese país aumentaron en un 300% en los últimos tres años)[2]. De hecho, como lo reporta la Fundación Milenio, el crecimiento del PIB el primer semestre del 2010 (alrededor del 3%) estaría largamente explicado por la economía de la coca ilegal y el narcotráfico.

Esta evidencia no debería sorprender al presidente Morales. Desde el 2006 los cultivos de hoja de coca y la producción de cocaína se incrementaron en 20 y 50% respectivamente.[3] De hecho, se calcula que el 93% de la hoja de coca del Chapare es usada para producir cocaína. En los últimos cuatro años, además, se descubrieron y eliminaron más de cuatro mil fábricas de cocaína en diversas regiones de Bolivia (las incautaciones de droga ya no se miden en kilos sino en toneladas). La policía boliviana ha denunciando que ya operan en Bolivia organizaciones internacionales de narcotráfico provenientes de México y Brasil (se estima que el 59% de la droga incautada en Brasil procede de Bolivia)[4]. La elaboración de cocaína en viviendas “normales” prolifera en El Alto y hasta el Amauta (o “Mamauta” como fue rebautizado por Paulovich) que posesionó a Morales como líder indígena ha sido denunciado por narcotráfico.

Así, lo único sorprendente del avance del narcotráfico es que el presidente boliviano se sorprenda. No fue Morales el que legalizó las 20 mil hectáreas de hoja de coca y el cato de coca por familia productora? Y no fue Morales el que echó a la DEA de Bolivia? Cómo puede, entonces, sorprenderse del avance del narcotráfico en los últimos años? Fuera cual fuera la razón esgrimida por el presidente boliviano, es innegable que sin la DEA la lucha contra el narcotráfico para las instituciones bolivianas es mucho más complicada.

Pero tampoco seamos ingenuos nosotros. Aunque la DEA se hubiera quedado en Bolivia y las fuerzas del orden bolivianas hubieran estado más y mejor equipadas, el problema del narcotráfico no se habría solucionado ni mucho menos. Seguramente no se hubiera expandido tan rápidamente como lo hizo pero sin lugar a dudas no habría desaparecido. Es más, es muy posible que la situación hubiese sido peor en términos de violencia. Si no, mire lo que le pasa al norte de México que prácticamente vive en una guerra civil en la que las fuerzas del orden con asesoramiento estadounidense combaten a los narcotraficantes y estos combaten entre si dejando un saldo de miles de muertos cada año.[5]

No. Aquí el problema es mucho más profundo. Los beneficios económicos que deja el narcotráfico son tan altos que justifican casi cualquier riesgo e inversión. Los narcotraficantes estarán siempre dispuestos a invertir largas sumas de dinero en equipamiento armado y en corromper oficiales y políticos porque sus ganancias superan con creces todos esos gastos. El poderío económico de los narcotraficantes siempre será inmenso comparado con lo que puedan hacer la policía y las fuerzas armadas aún con asesoramiento y patrocinio estadounidense.[6] La guerra contra las drogas empieza ya perdida para Morales o cualquier otro gobernante. Y entonces? Cuál es la solución?

La solución más sensata a cualquier problema económico es casi siempre la misma: la liberalización. En este caso, la legalización de las drogas en general y de la cocaína en Bolivia en particular. Esta no es una propuesta nueva. En realidad es una propuesta largamente estudiada por economistas, filósofos, y otros cientistas sociales. Aunque sus argumentos son cada vez más aceptados en el ámbito académico, desafortunadamente estos no han llegado a transformarse en un paradigma viable para la opinión pública y el ámbito político. Solo ahora, y de a poco, se empiezan a ver algunas señales positivas. El presidente de México, Felipe Calderón, por ejemplo, recientemente se mostró dispuesto a escuchar el debate. Por su parte, el ex-presidente mexicano, Vicente Fox, ya ha propuesto sin remilgos la legalización definitiva de las drogas en su país.

Pero es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Los argumentos económicos para la legalización de las drogas caen por su propio peso:

–        Reducción del crimen. Con la legalización, las drogas serían más baratas (al ser las drogas legales, los costos de producción se reducirían, la oferta se incrementaría y el precio final bajaría) y, por lo tanto, los beneficios económicos de los narcotraficantes se reduciría substancialmente. Con precios menores, los adictos tendrían menos incentivos a arriesgarse a robar o asesinar a alguien por dinero, la violencia entre pandillas y bandas de narcotraficantes se reduciría, y también lo haría el patrocinio a grupos delictivos, terroristas, etc. La reducción del crimen organizado después de la legalización del alcohol en Estados Unidos en 1920 es un perfecto ejemplo.

–        Las drogas serían menos fuertes. Cuando el alcohol era prohibido, un traficante prefería comercializar alcoholes fuertes de mayor precio. Por qué arriesgar la cárcel por vender solo cerveza? Después de la legalización, los traficantes empezaron a comercializar productos menos fuertes y en general el consumo se revertió a bebidas mucho menos potentes y dañinas. Seguramente lo mismo pasaría en el caso de las drogas.

–        Mejoras en la salud. A través de la competencia, la legalización de las drogas generaría drogas de mayor pureza y calidad. Los adictos sabrían exactamente que están consumiendo y se evitarían muertes por ingestión de materiales tóxicos usados en drogas adulteradas. El intercambio de jeringas sería cosa del pasado evitándose así la muerte por transmisión de enfermedades. Es más, dado el carácter legal y abierto de las drogas, los jóvenes tendrían acceso a mucha mayor información y las campañas de prevención tendrían posiblemente más éxito.[7]

–        Beneficios sociales. Al ser las drogas ilegales, los países que las producen terminan por sumergirse en una cultura criminal. Los productores son criminales, los traficantes son criminales, ciudades y barrios enteros se hacen criminales (El Alto, el Chapare, y partes de Santa Cruz, Beni y Pando en Bolivia van en ese camino) y la sociedad entera termina por desarrollar una cultura al margen de la ley. La legalización de las drogas “limpiaría” las calles de criminales.

–        Ahorro. El gobierno boliviano, el colombiano, el mexicano, el estadounidense y muchísimos otros gastan enormes cantidades de dinero en la lucha contra el narcotráfico. Con la legalización de las drogas, todo ese dinero sería ahorrado y probablemente usado en campañas de prevención. Es más, los negocios legales de drogas pagarían impuestos como todos los demás negocios.

El típico contra-argumento suele ser el siguiente: Si las drogas son legales, no sería más fácil comprarlas y no se incrementaría, por lo tanto, su consumo en la población? Absolutamente no. No existe ninguna razón para pensar que los bolivianos o estadounidenses empezarían a consumir más drogas si estas se pudieran comprar en una farmacia a precios bajos. La elasticidad de la demanda por drogas es generalmente muy baja (es vista por los adictos como una “necesidad”). Por tanto, si su precio baja, su consumo no se incrementaría significativamente. De hecho, encontrar drogas a la venta ahora es muy fácil para el que las busca (casi como si se vendieran en las farmacias). Con mayores recursos destinados a la prevención y la información no nos debería sorprender que el consumo en realidad disminuyese. Los ejemplos del alcohol en Estados Unidos y la marihuana en Holanda son muy ilustrativos. Después de la legalización de estas drogas, el consumo no se disparó en estos países como muchos esperaban.

Pero no se convertiría Bolivia en un paraíso de narcotraficantes? Sí y no. Sí porque no serían perseguidos, pero no porque el precio del producto sería mucho más barato en Bolivia (dada la gran competencia al haber más productores en el mercado) y por lo tanto sus ganancias serían menores. La fuente del negocio de la droga es la ilegalidad. Sin ella, los narcotraficantes pierden su ventaja comparativa. De hecho, los primeros interesados en que las drogas sigan siendo ilegales son los narcotraficantes. Si Bolivia da el primer paso, por qué otros países no podrían seguir el mismo camino? México, Brasil, y Estados Unidos deberán convencerse en algún momento de que la guerra contra las drogas nunca trajo ni traerá ningún resultado.

La legalización de las drogas es la única forma de cortar de raíz los problemas sociales del narcotráfico. Bolivia tiene la perfecta oportunidad para dar ese paso. El pasatiempo favorito del presidente Morales es discrepar con el gobierno estadounidense en cada oportunidad que se le presenta. Pues ahí lo tiene. Legalice las drogas en nombre del “anti-imperialismo” o cualquier otro “ismo” que se le ocurra pero hágalo ya. Esa sería la mejor herencia – y probablemente la única – del MAS para las generaciones futuras.


[1] Informe Mundial sobre las Drogas 2010 de la ONUDD.

[2] Entrevista a Wilman Stelzer, concejal del municipio de Santa Cruz en El Mundo de España.

[3] De acuerdo al cálculo oficial del gobierno, 12 mil hectáreas de coca bastarían para abastecer la demanda local por esa hoja. De acuerdo a Naciones Unidas, al momento Bolivia tendría alrededor de 32 mil hectáreas de producción de coca.

[4] Reporte de la Policía Federal de Brasil, Agosto 2010.

[5] Solo en Ciudad Juarez, al norte de México, se cuentan más de 1400 muertes en lo que va de 2010. Reporte de la Subprocuradoría de Justicia de México.

[6] Como ejemplo, el gobierno estadounidense gastó más de 4.7 billones de dólares en el Plan Colombia de 2000 a 2006.

[7] Una de las razones por la que muchos adolescentes entran al mundo de las drogas es precisamente porque éste se encuentra al margen de la ley. Si las drogas son legales, éstas no generarían la misma atracción para estos adolescentes.

Advertisements