Una vez más los “precios justos”

Los precios generados en mercados competitivos no son “justos” ni “injustos.” Son solo indicadores de la escasez relativa de los bienes. No emiten juicio de valor ni driscriminan. Simplemente reflejan la realidad.

Pretender cambiar un precio que consideramos “injusto” por otro más “justo” por decreto es como pretender cambiar la distancia entre La Paz y Lima porque nos parece muy larga o muy corta. Podemos escribir en una ley el número de millas o kilómetros que nos parezcan “justos” pero la realidad no habrá cambiado en absoluto.

En mercados libres y competitivos, los precios tienden a “equilibrar” el mercado. El precio del pollo, por ejemplo, fluctuará naturalmente hasta que la cantidad demandada de pollo sea igual a la cantidad ofrecida del mismo bien. La lógica es poderosa. Si la cantidad demandada es mayor a la ofrecida, la escacez relativa de pollo se incrementa y por lo tanto el precio sube. Si la cantidad ofrecida es mayor a la demandada, la escacez relativa de pollo disminuye y por lo tanto el precio cae. Esta fluctuación natural del precio hace que no existan persistentes “insuficiencias” ni “abundancias” de pollo que no son otra cosa que un despilfarro de recursos. En “equilibrio” se garantiza una asignación eficiente de los mismos.

Por eso es que hay que alarmarse una y mil veces cuando se lee en la prensa que el gobierno boliviano pretende controlar el precio del pollo, del azúcar y de otros bienes. Volviendo a los típicos argumentos populistas de que estos bienes son de “primera necesidad,” el gobierno boliviano pretende imponer precios máximos que, por supuesto, estarán por debajo de los precios de equilibrio.  Nuestra predicción si estos decretos se aplican es:

1) Se generará una insuficiencia de pollo y azúcar en los mercados bolivianos. Con el menor precio impuesto por el gobierno, más gente estará dispuesta a comprar pollo pero menos empresas estarán dispuesto a venderlo (para qué vender estos bienes a precios controlados en Bolivia? mejor exportarlos). Como resultado, no existirá sufience pollo para todo aquel consumidor que esté dispuesto a pagar ese precio regulado.

2) La típica respuesta de los agentes privados es desarrollar mercados negros en los que el precio encuentra su equilibrio natural pero esta vez de forma ilegal.

El gobierno puede contra-atacar prohibiendo la exportación pero ese sería un error aún mayor. Esto implicaría pérdidas de negocios considerables, despidos, etc. En fín, que no hay forma. Tratar de regular precios es tratar de tapar el sol con un dedo. Es una fantasía y un derroche de ineficiencia.

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