Month: February 2010

Una vez más los “precios justos”

Los precios generados en mercados competitivos no son “justos” ni “injustos.” Son solo indicadores de la escasez relativa de los bienes. No emiten juicio de valor ni driscriminan. Simplemente reflejan la realidad.

Pretender cambiar un precio que consideramos “injusto” por otro más “justo” por decreto es como pretender cambiar la distancia entre La Paz y Lima porque nos parece muy larga o muy corta. Podemos escribir en una ley el número de millas o kilómetros que nos parezcan “justos” pero la realidad no habrá cambiado en absoluto.

En mercados libres y competitivos, los precios tienden a “equilibrar” el mercado. El precio del pollo, por ejemplo, fluctuará naturalmente hasta que la cantidad demandada de pollo sea igual a la cantidad ofrecida del mismo bien. La lógica es poderosa. Si la cantidad demandada es mayor a la ofrecida, la escacez relativa de pollo se incrementa y por lo tanto el precio sube. Si la cantidad ofrecida es mayor a la demandada, la escacez relativa de pollo disminuye y por lo tanto el precio cae. Esta fluctuación natural del precio hace que no existan persistentes “insuficiencias” ni “abundancias” de pollo que no son otra cosa que un despilfarro de recursos. En “equilibrio” se garantiza una asignación eficiente de los mismos.

Por eso es que hay que alarmarse una y mil veces cuando se lee en la prensa que el gobierno boliviano pretende controlar el precio del pollo, del azúcar y de otros bienes. Volviendo a los típicos argumentos populistas de que estos bienes son de “primera necesidad,” el gobierno boliviano pretende imponer precios máximos que, por supuesto, estarán por debajo de los precios de equilibrio.  Nuestra predicción si estos decretos se aplican es:

1) Se generará una insuficiencia de pollo y azúcar en los mercados bolivianos. Con el menor precio impuesto por el gobierno, más gente estará dispuesta a comprar pollo pero menos empresas estarán dispuesto a venderlo (para qué vender estos bienes a precios controlados en Bolivia? mejor exportarlos). Como resultado, no existirá sufience pollo para todo aquel consumidor que esté dispuesto a pagar ese precio regulado.

2) La típica respuesta de los agentes privados es desarrollar mercados negros en los que el precio encuentra su equilibrio natural pero esta vez de forma ilegal.

El gobierno puede contra-atacar prohibiendo la exportación pero ese sería un error aún mayor. Esto implicaría pérdidas de negocios considerables, despidos, etc. En fín, que no hay forma. Tratar de regular precios es tratar de tapar el sol con un dedo. Es una fantasía y un derroche de ineficiencia.

Hoteles triplican precios durante los carnavales

El carnaval es una fiesta típica e imperdible en la mayor parte de Sudamérica. En lugares como Rio de Janeiro en Brasil, o Santa Cruz y Oruro en Bolivia, el carnaval atrae a miles de visitantes que disfrutan de tres o cuatro días de parranda. El resultado inevitable es que los precios de hoteles, comidas, bebidas y muchos otros bienes en estos lugares se incrementan significativamente. Es una lección básica de Principios de Economía. Al incrementarse la demanda por estos bienes (un desplazamiento de la curva de demanda hacia la derecha) el precio y la cantidad en equilibrio serán más altos. Nada nuevo ni misterioso.

Lo que no deja de sorprender es la constante queja de consumidores y autoridades gubernamentales cuando esto sucede. Como ilustra este artículo de La Razón, el público y algunas autoridades gubernamentales siguen viendo en estos incrementos de precio una inmoral y malvada conspiración.

Hasta el sábado una noche en una habitación doble en un hotel del centro de Oruro costaba Bs 250. Durante el Carnaval el valor se triplicará a razón de Bs 707 por jornada, si acaso la encuentra, porque ahora los centros de hospedaje sólo venden paquetes por tres días a 300 dólares (Bs 2.121).

Para el prefecto de ese departamento, Alberto Aguilar, estos incrementos no se justifican. “La Cámara Hotelera debería tener mayor conciencia, no es que por el Carnaval ellos puedan hasta triplicar el costo. Hasta nosotros tuvimos dificultades para hacer reservaciones para nuestros invitados , ellos (hoteles) sólo nos ofrecen paquetes”, reclamó. Según Aguilar, la Alcaldía Municipal debería regular estos precios.

Regulación de precios? Mala idea.

Supongamos que apelando a su espíritu carnavalero, convencemos a los hoteleros en Oruro a cobrar por habitación lo mismo que venían cobrando antes del carnaval. La primera reacción del público (y el Prefecto Aguilar) es saltar de una pata. Participar del carnaval es ahora muy barato. Muy ¨democratizador” y solidario. De hecho, si antes del anuncio  unas 2000 personas pensaban ir a Oruro para la fiesta, después del anuncio de precios bajos ese número probablemente se duplicaría. Todo el mundo al carnaval!

Pero que pasaría cuando toda esta gente llegue a Oruro y trate de conseguir una habitación en un hotel? Lo más probable es que no la pueda encontrar. A esos precios bajos muchas personas se disputarían el naturalmente limitado número de habitaciones y muchas quedarían en la calle (un problema no menor si se considera el gélido clima de Oruro). Pero sabiendo que las personas responden a incentivos, lo que probablemente pasaría es que se crearía un mercado negro de tarifas. Bajo la mesa, las habitaciones irían nomás a aquellos que estén dispuestos a pagar más. Cómo sino eligirían los hoteles a sus clientes entre toda la masa de visitantes? Los precios se dispararían hacia arriba como antes pero ahora en un mercado negro en el que no existe un marco legal que resuelva disputas.

Que generaríamos entonces con un control de precios: mercados negros, gente en las calles, desórdenes y violencia. Tratar de manipular los resultados generados por mercados libres es siempre peligroso. Los incentivos son poderosos y a los reguladores por lo general les sale el tiro por la culata.

Evo pide a las fuerzas armadas prepararse para una invasión de EEUU

Como lo oye. De acuerdo al presidente Morales se viene ya nomás la madre de todas las batallas: Los Colorados de Bolivia contra los marines estadounidenses. Habra que estar preparados y que no nos agarren a la hora de la siesta.

Puede existir algo más populista que este tipo de discursos? Otra vez “el imperio y sus invasiones” otra vez “la dignidad,” otra vez “las luchas indígenas en el nuevo milenio,” otra vez la “defensa incondicional de los recursos naturales.” La misma cantaleta de siempre que ya ha rebasado cualquier límite de sentido común y prudencia.

Evo vive en una película escrita y dirigida por el mismo y su entorno zurdo trasnochado. Evo se cree genuinamente el héroe indígena de Avatar que salva a su planeta de una invasión terrible del capitalismo. Evo es Evotar y habría que darle el Oscar.

El elixir contra la pobreza

Parece que el actual gobierno boliviano ha encontrado la receta perfecta o el elixir mágico para salir de la pobreza. Es muy sencillo. Lo único que hay que hacer es transformar, a través de decretos supremos, bienes económicos (aquellos que son producidos con recursos escasos y por lo tanto tienen un costo positivo) en bienes libres o gratuitos (!). Cómo no se nos ocurrió antes?

Hace un par de días la Ministra de Cultura, Zulma Yugar, presentó un decreto en el que se norma que los eventos culturales no pueden negociar contratos exclusivos con los medios. La transmisión de estos eventos debe ser libre (lease gratuita) por considerar la ministra que estos eventos son “patrimonio nacional.” Resultado: los folkloristas no podrán pagar los costos de organizar dichos eventos culturales y estos corren el riesgo de no ser producidos.

Ahora es el flamante Viceministro de Deportes, el recordado lateral derecho Miguel Ángel Rimba, el que hará uso de la varita mágica. De acuerdo a esta entrevista, una de sus prioridades es normar que el mundial de fútbol de este año se transmita no por cable sino por canal abierto (lease gratuitamente) en el territorio boliviano. Una vez más, la idea es transformar un bien que normalmente es costoso, en gratuito y así ahorrarle plata al aficionado futbolero.

Ya se imaginarán cuales serán las “consecuencias involuntarias” de la anterior norma. Si la orden o el decreto es impedir la transmisión por cable, lo más probablemente es que las empresas que pensaban comprar los derechos del mundial para Bolivia ya no tengan los incentivos para hacerlo. Perderían plata. Así, el mundial no se vería en Bolivia ni en canal abierto ni en cable. Si el gobierno “negocia” con estas empresas para poner la señal en canal abierto, lo que ultimadamente pasará es que el gobierno deberá comprar los derechos de la señal. Y con qué plata? Con la plata de todos los bolivianos por supuesto. Resultado, los bolivianos (futboleros y no futboleros)  terminarán pagando por ver el mundial con sus impuestos.

Una vez más: nada es gratis y las políticas populistas no pueden cambiar ese hecho usando decretos.

La transmisión exclusiva de eventos culturales

He aquí un gran ejemplo de las consencuencias involuntarias generadas por políticas públicas populistas.

La nueva Ministra de Cultura en Bolivia, Zulma Yugar, acaba de anunciar la emisión de un decreto supremo que “anula los contratos de exclusividad para la transmisión televisiva y radiofónica de eventos culturales de carácter público (incluyendo las famosas entradas folklóricas).” La “noble” intención de la autoridad de gobierno es “democratizar el acceso de la población a esos eventos que son patrimonio del país.”

Acto seguido (el mismo día del anuncio de este nuevo decreto), los folkloristas de Oruro que se preparan para la entrada del carnaval pusieron el grito al cielo. Aparentemente, la entrada del carnaval de Oruro ya subscribió un contrato de exclusividad con una televisora boliviana por US$32,000. El presidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos, Jacinto Quispaya, explicó que “con el dinero que se obtiene por contratos de exclusividad se beneficia al evento cultural en su conjunto y sobretodo a las agrupaciones folklóricas pequeñas que no alcanzan a cubrir todo el costo que implica participar de una entrada de la magnitud del Carnaval de Oruro y podrían desaparecer.”

No les parece fantástico? Un ejemplo clarísimo de que “democratizar” o artificialmente transformar en gratuitos bienes o productos que no lo son (como las entradas folklóricas que tiene un costo de producción significativo), es una quimera. Al final del día lo único que se logra con estos decretos “democratizadores” es poner en riesgo la producción del bien o en este caso el evento cultural.