El sello económico de los candidatos presidenciales en Chile

La Tercera acaba de entrevistar a los asesores económicos de los tres candidatos presidenciales en Chile: Paul Fontaine, asesor de Marco Enríquez-Ominami, Oscar Landerretche, asesor de Eduardo Frei, y Felipe Larraín, asesor de Sebastián Piñera. Aunque todavía es muy temprano y los programas económicos de cada uno de los candidatos están todavía desarrollandose, la conversación con La Tercera dejó algunas ideas que valen la pena comentar.

En materia laboral los tres asesores parecen estar de acuerdo en que la palabra clave es flexibilidad. En hora buena. Sin mercados laborales competitivos y flexibles pierden todos. Los empresarios deben pagar mayores salarios y por lo tanto contratan menos, los trabajadores que buscan empleo no lo pueden encontrar fácilmente (sobre todo los jovenes y aquellos que no pertenecen a sindicatos), y los consumidores deben pagan mayores precios por los productos terminados. La inflexibilidad laboral genera un ciclo vicioso difícil de detener. Lo que sorprende un poco, sin embargo, es el tono conciliador de los asesores económicos con los sindicatos. Aunque subrayan la importancia de la flexibilidad laboral, proponen una “flexibilidad pactada” y de “negociación colectiva” en la que los sindicatos jugarían todavía un papel fundamental. Si bien los tres entrevistados dicen haberle perdido el miedo a la flexibilidad laboral, parece que todavía no le pierden el miedo a los sindicatos. Y aquí no hay medias tintas. Con sindicatos poderosos encargados de negociaciones salariales, el mercado laboral no es flexible. No hay ni habrá verdadera flexibilidad laboral hasta que el rol de los sindicatos se reduzca o estos directamente desaparezcan.

En materia fiscal la película no esta clara. Paul Fontaine propone una tasa tributaria única de 30% sin excepciones. Felipe Larraín y Oscar Landerretche no se la juegan por una cifra. En términos de gasto, Fontaine y Landerretche no se cierran a expansiones fiscales contracíclicas, eso si, sin perder de vista una regla macroeconómica de déficit estructural sostenible. Larraín se preocupa no solo del gasto sino de los resultados que el gasto fiscal genera. Nada nuevo. Me hubiera gustado escuchar una visión más de fondo sobre el rol del estado en Chile. Hubiera esperado que Larraín, por ejemplo (el asesor del candidato de derecha), hablara de un proceso lento pero seguro de achicamiento del estado, de reducción de impuestos, y de una transferencia paulatina de responsabilidades estatales (salud, educación, caminos, etc.) hacia el sector privado. Durante las dos últimas décadas, Chile ha hecho los meritos macroeconómicos suficientes como para empezar a pensar en reformas institucionales que le permitan dar ese salto cualitativo.

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