Comercio internacional


El presidente boliviano Evo Morales no habla de otra cosa. Es, al parecer, su primer objetivo y mayor obsesión. Por “dignidad,” Bolivia ha renunciado a tratados de libre comercio, ha nacionalizado la mayoría de sus empresas públicas, ha desfavorecido y puesto trabas a la inversión extranjera, y ha perdido ahora el mayor mercado de las exportaciones no tradicionales de Bolivia. Con el fin del ATPDEA (la rebaja de tarifas arancelarias de productos bolivianos en Estado Unidos), Bolivia ha perdido el 60% de las exportaciones a ese país, más de 60 millones de dólares, y más de 46 mil empleos (datos de La Razón). Carísima ha resultado la “dignidad.” Pero claro, como Evo Morales no la paga, sino las familias bolivianas, él seguirá envuelto en su demagogia populista sin que le cueste un peso.

De acuerdo a La Razón, el presidente Evo Morales habría “denunciado” a la OMC que “los países más pobres serán los principales perdedores” de un eventual acuerdo en la ronda de comercio internacional de Doha. Los argumentos esgrimidos por el presidente Morales son los mismos argumentos proteccionistas de siempre: “los costos acumulados por pérdida de empleos (…) y pérdida de ingresos aduaneros serán mayores que los beneficios.”

Nada más falso y malintencionado. Si bien la apertura comercial estará asociada con menos empleo en las industrias en las cuales el país no tiene ventajas comparativas, también estará asociada con menores precios en las mismas. Dado que el país consumirá más de estos bienes, el beneficio (un excedente del consumidor más grande) será siempre mayor al costo (un excedente del productor más pequeño).

Pero el beneficio mayor del comercio internacional se dá en el largo plazo. Competir globalmente sincera las posibilidades productivas y guía la especialización en determinados bienes. Sin apertura un páis no podrá descubrir sus ventajas comparativas y seguirá produciendo bienes que pueden encontrarse más baratos afuera. La apertura, por tanto, permite la especialización adecuada y la eficiente asignación de recursos.

Perú ha venido entendiendo esta idea muy bien en los últimos años. Aparentemente la historia es otra en Evolandia.

Como lo escucha. Ante el anuncio de la Unión Europea de expulsar a immigrantes ilegales de su territorio, el presidente boliviano amenazó a esta de boicotear los tratados de libre comercio entre este bloque y la CAN.

Digamos primero que la decisión de la UE podría estar equivocada. Impedir el trabajo de immigrantes ilegales impone barreras al comercio y a los beneficios asociados a este. Cuando una empresa europea emplea un immigrante no solo se beneficia el immigrante sino también la empresa. Indirectamente, además, se benefician los consumidores y crece la competitividad general de la economía. Los únicos que no se benefician son el gobierno y los trabajadores incapaces de competir con los extranjeros.

Naturalmente, además, esta política afecta a los países “exportadores” de immigrantes (las remesas en Bolivia han crecido tanto que equivalen a un tercio de las exportaciones de gas). Pero si la UE le pone barreras al comercio, la respuesta óptima no es hacer lo propio en casa. Y menos hacerlo a nombre de otros países. La decisión de la UE es soberana y ellos sabrán porque la toman. La CAN debiera respetarla y continuar avanzando en los tratados de libre comercio sin distracciones. Es preferible tener menos remesas con comercio que sin el.  

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