El presidente boliviano Evo Morales no habla de otra cosa. Es, al parecer, su primer objetivo y mayor obsesión. Por “dignidad,” Bolivia ha renunciado a tratados de libre comercio, ha nacionalizado la mayoría de sus empresas públicas, ha desfavorecido y puesto trabas a la inversión extranjera, y ha perdido ahora el mayor mercado de las exportaciones no tradicionales de Bolivia. Con el fin del ATPDEA (la rebaja de tarifas arancelarias de productos bolivianos en Estado Unidos), Bolivia ha perdido el 60% de las exportaciones a ese país, más de 60 millones de dólares, y más de 46 mil empleos (datos de La Razón). Carísima ha resultado la “dignidad.” Pero claro, como Evo Morales no la paga, sino las familias bolivianas, él seguirá envuelto en su demagogia populista sin que le cueste un peso.