El periódico boliviano La Razón reporta la noticia de una desesperada mujer que ofrece uno de sus riñones a la venta por US$12,000. El primer dato interesante es que, basados en esta pequeña muestra, el precio por riñón en el mercado negro boliviano ha bajado sustancialmente. El 2006 escribí un post basado en reportes de diarios bolivianos que afirmaban que el precio de un riñón oscilaba entre los US$30,000 y US$40,000. El segundo dato importante es que el mismo artículo de La Razón menciona que en los últimos dos años más de 1,000 personas se sometieron a hemodiálisis en La Paz y 270 de ellas murieron.
Estas cifras muestran que, aunque el precio por riñón ha bajado (la crisis afecta a todos), el desabastecimiento es todavía altísimo y muchísima gente sigue muriendo por deficiencias renales. En el post del 2006 argumenté ampliamente sobre los beneficios de fomentar el uso de un mercado de riñones como la solución más eficiente a la escasez de donantes. Un riñón de transplante es un bien tremendamente escaso que solamente mercados libres y competitivos pueden asignar eficientemente. Las actuales restricciones legales a vender órganos prohiben el establecimiento de estos mercados e imponen implícitamente un precio máximo legal por riñón de cero (las donaciones deben ser gratuitas). La actual Constitución Política del Estado en Bolivia dice: “La ley regulará las donaciones o trasplantes de células, tejidos u órganos bajo los principios de humanidad, solidaridad, oportunidad, gratuidad y eficiencia.”
Si la venta de riñones – a precios no iguales a cero – fuera legal, más gente tendría incentivos a “donar” (vender) organos , el incremento de la oferta generaría precios menores que los actuales de equilibrio en el mercado negro, y muchos pacientes pudieran encontrar una cura. El tema es sin duda controversial pero urge un debate serio y práctico que considere los beneficios de liberar los incentivos naturales de compradores y vendedores.